Servidor Descárgate el archivo y súbelo a la carpeta raíz de tu web. Analytics Vincula tu cuenta de Analytics y verifica tu web

25 diciembre 2020

El verano más caluroso


 ¡Que  calor  hizo  ese  verano!  Yo  sin  embargo,  estaba  con  mi  familia  en  la  sierra donde  por la  noche  incluso  dormíamos  tapados. Tenía  catorce  años  y  Manu  dos  años  más  que  yo.  Pasamos  ese  verano  correteando  uno detrás  del  otro  por  el  borde  de  la  piscina,  mirándonos  desde  lejos  y  esquivándonos cuando  la  situación  ya  daba  mucha  vergüenza.  Nos  conocíamos  de  vista  del  año anterior,  algunos  amigos  comunes,  pero  nunca  habíamos  cruzado  una  palabra  hasta entonces. Aun  así, ningún diálogo entre  los dos  tenía  una  duración superior  a  dos frases. Como  suele  pasar  en  estos  casos,  no  fue  hasta  el  final  de  mis  vacaciones  en  el  pueblo cuando  se  produjo  un  acercamiento.  Se  acababa  el  tiempo,  nos  gustábamos  y  lo sabíamos  los  dos.  Así,  los  juegos,  las  bobadas  y  el  buscar  cualquier  pretexto  para acercarnos  se  convirtieron  en  el  objetivo  diario.  ¡Qué  bonita  aquella  edad  y  qué  ajena vivía  yo a  todo, incluso a  si hacia frío o calor! 

Por  fin  una  tarde,  mientras  cumplíamos  con  nuestra  única  obligación  diaria,  estar  de cuatro  a  ocho  de  la  tarde  en  la  piscina  municipal,  se  produjo  lo  que  llevaba  deseando todo  el  verano.  Sin  estar  planeado,  pero  acuciados  por  mi  inminente  marcha  del  pueblo, abandonamos  cada  uno  la  respectiva  partida  de  cartas  con  la  pandilla  y  nos  zambullimos en  el  agua  a  la  vez.  Nos  quedamos  allí,  pegados  al  borde  de  la  piscina,  uno  al  lado  del otro, sin decirnos nada, un poco agazapados intentando no ser vistos  por los demás. Estábamos  callados  y  sin  embargo,  la  tensión  hablaba  más  fuerte  que  cualquier  cosa  que hubiésemos  podido  haber  dicho.  Manu  se  acercó  un  poco  más.  Yo  respondí  a  su  gesto de  la  misma  manera  y  cada  centímetro  que  ganábamos  al  aproximarnos  al  otro multiplicaba  el  nerviosismo.

Envalentonado,  me  cogió  la  mano  con  la  que  me  sujetaba al  bordillo,  me  miró  y  tiró  de  mí.  Nos  sumergimos.  Entonces,  bajo  el  agua,  haciendo esfuerzos  para  que  los  cuerpos  no  subieran  solos  a  la  superficie  y  mientras  los  ojos  se miraban muy  abiertos, nos besamos. La  emoción  y  el  estallido  hormonal  que  viví  en  ese  instante  no  son  comparables  con nada,  por  muy  intensas  o  eróticas  que  hayan  sido  otras  experiencias  de  mi  vida. Sencillamente era  la primera  vez  que  deseaba  a  alguien  y  la primera  que  éste me  besó. ¡Qué  calor hizo ese  verano!  Incluso bajo el agua. 

2 comentarios:

  1. Lo he vivido conforme lo iba leyendo , por describir tan de cerca todo. Me encanta

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Qué bien! Me alegro de que te guste. ¡Gracias por leerme!

      Eliminar